Delirio de amor

       En el dolor, amar y morir son lo mismo. Este parangón es cuando la aceptación tiene lugar. Tal como duele amar duele la muerte. La postura frente al fin, la finitud del ser, esta vida única, irrepetible, da sentido a la ansiedad y a la angustia.

       El amor incondicional quizá no es amor sino otra cosa como tolerancia. El amor exige sacrificio, entrega a la tarea, donde me olvido de mí mismo para formar parte del otro. Entrega pagana y sagrada a la vez. Nos hundimos en un piélago oscuro, profundo de donde salimos solidificados, salados, manando agua. Trazamos, con gotas, continuas líneas que inventan un contorno, superficie curva, donde no queremos perdernos en el artefacto. Al sacrificio caemos, el sujeto amante y el sujeto amado, y ascendemos. Caemos en la zozobra del relato buscado ¿para qué? ¿por qué? ¿qué hacer? ¿hasta cuándo? y ascendemos en la afirmación de seres amados.

       La cosa está pero no es. Este pensamiento conocido por el ser antiguo, hoy es necesario distinguirlo, afirmarlo: yo, yo soy; la cosa está, el objeto no-es. La independencia es del objeto, la cosa deriva sin mí. Yo dependo y más vale que dependa de otro ser, sujeto, yo igual tú.
       La tierra, esta nave automática, que sostiene nuestra permanencia, es independiente de nuestra actitud. Mientras, el sentimiento es el vínculo social establecido, creado por y para ser. Y la existencia del ser es la sustancia divina, por eso cuando miro, enamoro y cuando conozco, amo.
       Al ser, escindido, la existencia lo aúna, lo incluye partiendo del dos. El ser es en el intercambio.

       A diferencia de la cosa el acto es volitivo, se cumple en el movimiento del ser, hacer y estar.

       Sin odio, este solo, amor, condena a la existencia, a la fantasía, a la entrega, a morir, al vacío y al deseo. Así construimos el muro del espacio, torre desmoronada. Y la invocación: yo amo, cuaja, invade, fantasea, pulsa, la memoria que lleva y trae del no ser.

       La aceptación interrumpe el delirio del amor idílico que describía un fuera de sí, sin faltas, sin dioses, sin existencia, sin sentido, sin vacío.


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