Algún
dieciséis el alma le volvió al cuerpo. Y quiso creer que algo se aclaraba. O al
menos se planteó no ser una cáscara vacía con patas. Sí la nuez puede darse ese
lujo, dejar de ser, pero su huella permanece en la concavidad. Alguna otra cosa
tiene esa propiedad pero la que recuerda, precisamente, es el calamar. Sacas la
pluma, entera de ser posible, y el canal permanece. Quizá la próxima en lugar
de cortarlo por el canículo lo deje entero, para rellenar. Acaba de comer.
Quedó insatisfecho. Porque no cocinó. Calentó algo rápido. Comida chatarra.
Como quien dice comida basura.
Y otra
vez toma las piedrecitas, conchitas, un pedazo de ágata lila y blanca del pote.
Oh dios, qué necesidad de tocar a cada una, existencia en el estar. Lo
admirable es la comprensión, comprimido que puede apreciar en las vetas,
colores, formas. Aunque no conozca la nieve puede creer en las diferentes
formas de los cristales. Proyección de la experiencia. Generaliza lo evidente.
Claro. Si pudiese deducir cada encrucijada anímica con esa sencillez, aclararía
tanto.
Oscura
Es una
diferencia de tono. Según la percepción representan opuestos. En estos momentos
es como pasar a través de un canal, tubo, pasaje sin transparencia. Los
laterales opacos separan de la gente. Un camino conocido, siempre igual que
permite ver el suelo. No hay mañana. Repetición de hoy. Lo peor es el miedo
sin a qué tenerle miedo. Ese ancestral aumento del cuidado a cada paso. Se
acaba la risa. Preguntan por la falta de palabra y la seriedad del asunto. Y si la risa escapa, la reprobación continúa el duelo ¿Quién murió?
Selecciona catorce piedras. Dos montones iguales. Los toma con las
manos por separado. Sacude y vuelca sobre la hoja. Deshecha las piedras lisas que
resbalan por la hoja. Vuelve a tirar las restantes. Siete con la mano
izquierda, tres con la diestra a la misma vez. Deshecha la fusiforme que se le
escapa al sacudir entre los dedos, otra cae al suelo sin verla. Mira las ocho
restantes, cuatro coinciden en el color caramelo, las otras son granito rosado,
mármol y basamento marrón. Sacude, tira, cuatro en línea horizontal, tres en
línea vertical bajo la tercera contando desde la izquierda. Sacude y tira.
Nada. Traza una línea vertical dividiendo la hoja. Sacude y tira. Tres a un
lado del eje, cuatro al otro. Sacude y tira. Cuatro a la izquierda, tres a la
derecha. Sacude y tira. Cuatro a la izquierda, dos sobre el eje, una a la
derecha ¿Qué está pasando aquí?
Recién
observaba, tocaba, disfrutaba de las diferencias ¿Qué es este ejercicio
voluntario del azar en las caídas? ¿Qué quiere probar? ¿A qué se expone? ¿Por
qué se expone? ¿Quién está expuesto? En la oscuridad no puede ver.
Hoy es
dieciséis. Está claro. Afuera el sol hace rato salió. Toma del pote las piedrecitas. Las irregulares le resultan atractivas. Pequeñas marcas
distintivas de golpes, rayas, agujeros, depresiones, picaduras. Las junta y se
apoyan entre sí, sus líneas irregulares parecen compensarse. Las toma de
vuelta, aprieta en la palma, las deposita suavemente sobre la hoja y cinco
quedan unidas. Deposita todas juntas formando un círculo, mira creyendo que
están unidas. Visto desde arriba una o dos permanecen separadas.