no- ser, ser izquierda
¿Quién está más a la izquierda? ¿quién está más al centro?¿desde dónde me acerco al centro? Si el centro es un vacío (donde coloco todo) acercarme desde un lado u otro (que además en un círculo es difícil fijar la orientación) implica una función del punto de tangencia igualada a cero ¿qué sentido tiene?
Es hora de alejarnos del centro. No es un llamado al extremismo de los opuestos. Ya no hay oposición, el discurso se adueñó del lenguaje marxista. Entonces la necesidad necesaria es volver a inventar la palabra, el símbolo. Y al señor del centro poder decirle: permítame que objete su discurso, su autoafirmación del momento de la praxis. Estoy en un tiempo (por) fuera buscando como decir la política.
No hay diferencia discursiva, el lenguaje apropiado y manejado por la clase dominante implica su “vuelta” a la gestión del poder capitalista. Perdemos en el discurso, perdemos la gestión ¿por cuál pelear primero?
No puedo gritar al ladrón, ladrón, porque la mercancía es simbólica. Si me callo otorgo y si hablo también. Sin embargo no es el discurso a la izquierda el agotado sino que la sustracción es incansable. Que casualidad el capitalista se queda con el plus del trabajo, el plus del goce y el plus del lenguaje de la cantera izquierdista.
Mientras, “vaya atrás a la línea, a esperar su turno” como en el “nuevo” sistema taylorista en las cajas del supermercado. Sistematizados, atrapados en el laberinto, el hilo de Ariadna se reventó y el monstruo nos devoró cuando llegamos al centro. Queda inventar como recorrer el camino si lo que queremos es salir a lo nuevo.
El tiempo electoral corresponde a dentro del juego laberíntico, el tiempo fuera quiere superar el momento y pasar a lo nuevo. La ansiedad concentrada da la oportunidad para el salto cognitivo. Como ser izquierda, el centro, no-ser, no nos define, nos desmarca y desvía.