En abigarrado punto
aprendiendo a tender redes
aprehendiendo a fijar raíces
tejiendo al decir con el hacer
Si entiendo sintiendo tiendo
al recreo del entramado
fibrosa hilera, pasaje
 arriba y abajo, anudado
necesario, permanece
queriendo cerrar hiato
       








Apuesta más allá de la angustia


Tu rayo, faro, desde otrora convoca
Donde mi estela grafica, trafica
Yo creo joya, tú susurras roca

Sombra de la ola provocada
Vuelta inicia la marejada
Espuma cumbre es celebrada

Abierta, luego del siniestro, queda
Ansia optimista, además remeda
Veta, cota, costa saboreada

Humedad a tu capricho espirada
Vuelvo por bichos de arena picada
Así mi cimiento por tu sal aliviada


Instante sin fiel



La mirada traviesa se inclina

       al romance en simbólica

Calma la boca, por un instante


       al nombrar sin decirlo

¿Y, alguna vez, habrá sido testigo

                 a destiempo la mirada?
                                                                      
Traicionera entrega sincopada

           ansía, cuan ardiente     
                                                                       
Así pasa, queda, flotando y apuesta

                     al anhelo sin ancla





Mujer, erotismo, salvaguarda

Los lienzos de Marcos Ibarra chorrean pintura. 
Cuando quiere dibujar es preciosista pero en esta serie plasmó las manchas del horror en colores 
¿Cómo puede hacerlo? Marcos disfraza lo oscuro del horror plasmándolo en contornos femeninos y masculinos, tráqueas, corazones, cabezas, coloreados de gris al eje; matizando el resto de la superficie con blanco, verde, celeste, rosado, amarillo, lila, rojo.

 Son tonos pastel casi kitch, pop, yo que sé. Pero no desentona, al contrario hace posible la mirada al horror plasmado del banquete, el hombre comiendo al hombre.

Marcos utiliza el cuerpo femenino como metáfora de vida, urdimbre de creación y muerte. Es gratificante su expresividad de la subjetividad femenina.

Pequeño respiro nos permiten las miniaturas: cajas, tierra, polvo, muñecos, caracol, estrella, alfileres y otros asoman el espíritu juguetón.
Y el erotismo del cuerpo femenino desnudo, en reposo, hace respirar rápido a más de uno.

Las sábanas penden de palillos como ropa colgada al sol. Los trapos han salido a la luz, están arrugados por el tiempo de resguardo y son tantos que van cubriendo suelo y paredes.

Además un vídeo convierte la pintura en collage, permitiendo percibir volumen, desplazamiento y variaciones.

Hay que ser muy macho para visitar al Museo de la Memoria, para seguir con el tema del horror, para viajar atrás o más bien mantener el retorno.

El lienzo no quiere marco sin embargo la hilera de nombres, arbitraria, sponsores inspiradores, oficia en los márgenes a modo de contención.
¿Qué mejor soporte a los vínculos humanos?

Me encantó.

http://museodelamemoria-montevideo.blogspot.com

cuerpoen almapinturasmarcosibarra

                  vaivén, deseo del retrato por una desalmada


La foto me había elegido mucho tiempo atrás o quizá no tanto. Me gustó la estética del artista en la elección de los modelos. Un equilibrio entre casi natural y casi pose. Además me resultaba sustituta de otras fotos que no recuerdo en qué me identificaba. Ésta, aunque podía percibir un ser más joven, me colocaba en un futuro expectante. Porque en el futuro sería así, me sentiría así, alguien contemporánea a las primeras salidas del Quijote. Es la ventaja del sexo o la falta que aún siento. De todas formas no importa nunca importo. Apenas, como te decía al igual que en la adolescencia, se me escapa un suspiro.

Y no es fácil contar de una que lleva un papel que envuelve un ramo recibido o no entregado. Como el último regalo que compré adelantado y no te lo entregué porque cometí el error de preguntar y entonces el otro reclamo que él sí quería; más aún precisaba de un regalo. Y se lo di.
¿Y una qué puede hacer con un ramo inesperado? Por favor no quiero anunciar ausencias, me lo prohíbo. Y sí sé que la vida o la letra son iguales pero a destiempo. Y eso qué importa. Algo importa, yo sé que sí.

Y siempre te tengo en la punta de la lengua y entonces, ella pregunta por reacciones impropias de una y no quiero seguir para concluir que no era esto lo que esperaba de él. Y que sí, sé lo que espero, y no.
Aquí sigo como la vida. No debo parar de repetirlo para no olvidarlo, como me pasó cuando le dije después te doy la dirección y suerte que ni él se la creyó pero si se lo hubiese creído, y toda esta mala sangre para qué, ya sabía que actuaría como una maldita o inclusive que me escondería en esa suerte de comportamiento desquiciado por el que se me conoce.

            Y como te contaba la foto ya me había elegido. Al verla me dí cuenta, era una de las seleccionadas. Le llegué a escribir así al aire, al público, cuánto deseaba un retrato, no suyo, mío ¿Me harías un retrato? Entonces la foto me transmitía alegría, libertad, decisión, nada que fuese decadente por favor.
Y hoy vengo a descubrirla intervenida, agigantada. Gigantografía con lluvia de pintura rojo sangre. Sangre, sí, qué otra interpretación puedo dar al papel manchado. Casi para película de la Llorona o la Sombra ¡en qué la has convertido! ¿Cómo te atreviste a agregarle a la tranquilidad del otoño, a la dama de negro, al ramo zarandeado, agregarle esa nota trágica, la sinfonía del pote entero, de sangre, rojo? ¿Dónde has juntado toda esa hiel que te decides a tirar en una?

El contorno de la sombra claramente femenino me ayudó a reflejarme. Incluso el envoltorio de papel blanco agrega algo de inmaculado, siempre necesario, siempre creído, siempre añorado. Ahora con tu intervención la mancha sangre me recuerda que no existe pureza en la no acción, que no existe pureza en el camino reglado, que no existe lo inmaculado en el apartamiento.

Y ahora qué hacer con el deseo de ser retratada, tomada de frente, perfil y espalda. En un movimiento que forme el círculo concéntrico que soy, donde las líneas circulares del contorno, fugaces, se vean permanentes, donde la mancha en mi cuerpo lo vuelva etéreo. Retrato entero pero diluido en movimiento, ese que deseo mantener.

No me gustan las rosas rojas así como no me gusta el color negro o gris. Pero no pude rechazar el ramo. Encima para que no pincharan le había sacado espina por espina a cada tallo. Qué sacrilegio, una sabe como evitar las espinas y además un pinchazo de vez en cuando trae a la realidad.
El aniversario no es mi mejor fecha. Recordar el comienzo de lo que no sabía que comenzaba nunca tuvo sentido. Además, rosas rojas. Demasiado intenso, tragicómico. Notó el mohín, preguntó si era alérgica. Sí, al rojo, pero contesté: no; porque una sabe callar, guardar, aceptar.
Y juré amor y aquí llevo los colores de la inevitable muerte.








    Ahora sí puedo contarte, estoy de vuelta. Acompañé a Lidia al último lugar de reposo, como lo llaman. Ella esperó paciente y dulce el fin. Al final no quería que la mirase ni atendiese en forma alguna.
Yo creo que la despedida la había ensayado. Fiel a sí  misma, sus palabras, gestos sin fuerza pero elocuentes.
 No conocía el Parque del Recuerdo, fui, qué mas remedio, pensando en decaer en algún momento. El lugar es un parque  parquizado, bien cuidado, sin olores desagradables y se ve gente como en un paseo al parque.
No soy banal, me conocés. Y sin embargo insisto.
             
Parece que cuando llegue a mi final no seré guardado junto a ella. Así que el adiós ha sido más que definitivo. No olvidé su frase siempre repetida con sorna, sensual, linda hasta la muerte: “Con los hombres mucho cuidado”, y quién quiere cuidarse. Sentí que lloraban, más de una se sonaba la nariz, yo no.

Asistí a la representación de la muerte y Lidia hizo el rol central, como siempre acostumbró. La amo y siento su pérdida, sin tristeza. El dolor se lo llevó con ella. A mí me queda lo que sigue.

 Me traje las rosas rojas. A ella no le gustaban, a mí sí con espinas. Vuelvo pronto, te extraño.









no- serser izquierda

¿Quién está más a la izquierda? ¿quién está más al centro?¿desde dónde me acerco al centro? Si el centro es un vacío (donde coloco todo) acercarme desde un lado u otro (que además en un círculo es difícil fijar la orientación) implica una función del punto de tangencia igualada a cero ¿qué sentido tiene?

Es hora de alejarnos del centro. No es un llamado al extremismo de los opuestos. Ya no hay oposición, el discurso se adueñó del lenguaje marxista. Entonces la necesidad necesaria es volver a inventar la palabra, el símbolo. Y al señor del centro poder decirle: permítame que objete su discurso, su autoafirmación del momento de la praxis. Estoy en un tiempo (por) fuera buscando como decir la política.

No hay diferencia discursiva, el lenguaje apropiado y manejado por la clase dominante implica su “vuelta” a la gestión del poder capitalista. Perdemos en el discurso, perdemos la gestión ¿por cuál pelear primero?

No puedo gritar al ladrón, ladrón, porque la mercancía es simbólica. Si me callo otorgo y si hablo también. Sin embargo no es el discurso a la izquierda el agotado sino que la sustracción es incansable. Que casualidad el capitalista se queda con el plus del trabajo, el plus del goce y el plus del lenguaje de la cantera izquierdista.

Mientras, “vaya atrás a la línea, a esperar su turno” como en el “nuevo” sistema taylorista en las cajas del supermercado. Sistematizados, atrapados en el laberinto, el hilo de Ariadna se reventó y el monstruo nos devoró cuando llegamos al centro. Queda inventar como recorrer el camino si lo que queremos es salir a lo nuevo.

El tiempo electoral corresponde a dentro del juego laberíntico, el tiempo fuera quiere superar el momento y pasar a lo nuevo. La ansiedad concentrada da la oportunidad para el salto cognitivo. Como ser izquierda, el centro, no-ser, no nos define, nos desmarca y desvía.


el arte por el arte



Peralta y mi necesidad de comparar.


Dibujante pródigo aunque no detallista como un Larroca, logra la perfección necesaria para el clásico. Repetidor de símbolos, se ha adueñado de iconos, idiosincracia local y occidental. En esta muestra de cuadros grandes en acrílico acentúa una necesidad de transgredir lo clásico y marcar mensajes subliminales en directo.
El autorretrato ejerciendo el oficio quizá olvida que Velazquez había alcanzado el ápice en la escala social, solo le quedaba ser rey y para ello era necesaria una revolución. Velázquez la hizo pintando “Las meninas”.
La serie de dibujos del 2014 a lápiz es un logro en la abstracción, complejidad del diseño, representación  del mensaje, impecable. Inclusive en “Póngale el título que usted quiera”, culmina con gracia superando la caricatura, y  permite aflojar la tensión de lo universal en la serie. “El viaje del elefante” resalta en detallismo y simbología.
La diversión en la cultura actual es un acto común, su necesidad se presenta ante el vacío del ¿para qué? Sin embargo o quizá cuando logremos dejar la ironía y la transgresión adolescente, podamos plasmar otra visión de la realidad o proyectar algún sueño.

Con la muestra de la trayectoria de Pedro Peralta en el presente trabajo no puedo evitar la sensación de además de servirse de su maravillosa técnica un artista se asume y acepta.

http://mnav.gub.uy/cms.php?e=peralta2014




acrílico azul, amarillo, vela derretida, bolitas de bronce, conchas marinas, plateado, durabol, trabajo de Inés.





Constructivo en busca de una simetría.

Me encontraba en el Juzgado esperando para dar testimonio psicológico en un procedimiento por custodia y la imaginación empezó a jugar con las formas y colores del lugar. La sala era extremadamente fría. Todos los muebles y objetos rectangulares, con muchas puntas para mi gusto. Predominaba el color gris. El piso de mosaicos negros reflejaba algún blanco de los papeles de un escritorio. La única ventana, de metal, aclaraba el gris oscuro de las paredes. Bajo la ventana, en un hornillo, una caldera silbó y en el vapor un haz creó un delicado arcoiris.
El caso saldrá bien para ello he trabajado muy intensamente, me repetía como oración.
El reloj de la sala marcaba las horas entregadas al Juzgado, imaginé: cuando salga de aquí volaré al río, dejaré las sandalias en la arena y mis pies tocarán el agua.
- Licenciada Flavia Amor puede entrar a Sala.

Palermo.

Llegué veinte minutos antes, decidí dar una vuelta. Calle abajo desembarqué en la plaza de Iemanjá. Crucé la avenida y accedí a la playa desierta a no ser por ella. La mujer descalza hace una pequeña coreografía con las extremidades, mientras su rostro sonríe. Levanta los brazos en arco y en puntas de pie se traslada por la orilla levantando espuma.Llegué a creer que era la imagen de Iemanjá cuando joven.
Durante la clase el tiempo transcurre rápido. El docente es amable y los participantes estamos interesados en la temática. Una hora más tarde llega ella, sorpresa la mujer descalza participará.
Se presenta: soy Flavia y el día tiene veinticuatro horas pero tengo cosas para hacer equivalentes a una semana. En mi agenda no hay espacio disponible para dedicarse ni a dormir, ni a la casa, ni a las amigas, ni a la familia.
Saliendo de clase la propuesta para ver la muestra de fotos del Parque Rodó nos entusiasmó. Esta proa de pocos metros cuadrados tiene una rotonda con juegos, edificio abandonado con cartel de proyecto, un contenedor, una foto galería, una fuente de agua celeste con surtidores, canteros de gramilla verde y grises veredas alternados con bancos de madera que invitan a quedarse. La muestra abarca fotos de la obra arquitectónica de Eladio Dieste. La forma ondeada de sus techos, paredes y el uso del ladrillo me resultan familiares. El ticholo de barro y agua, apelmazado y horneado sobre sí mismo, oficia como una piel permeable.
Flavia estaba encantada con la muestra porque la iglesia donde tomó la comunión aparecía en muy buen estado. Sin más abrió su intimidad. Hubiese sido monja si no fuese que en ella prevalecía la materia sobre el espíritu. A pesar de tener una personalidad impregnable su predisposición a observar el ambiente y a ubicarse en el espacio no como una mota de polvo sino como un mundo en movimiento la salvó del mandato de la virgen.

Ciudad Vieja.

Llegando al sur se pueden ver las grúas chinas, subiendo y bajando contenedores, recortadas contra el cielo celeste iluminado de más por el rey sol en viaje desde oriente.
La entrada al edificio muy formal con un hall amplio de monolítico gris al piso, paredes celeste ceniza y frisos al tono se ve limpia. La sala es extremadamente fría. Todos los muebles y objetos rectangulares, con muchas puntas para mi gusto. Predomina el color gris. El piso de mosaicos negros refleja algún blanco de los papeles de un escritorio. La única ventana, de metal, aclara el gris oscuro de las paredes. Bajo la ventana la repisa sostiene una pequeña artesanía, la estatuilla hace una coreografía con las extremidades y su rostro sonríe. Tomo la figura y busco en la base su origen, made in Holland. Julio entra y comenta su último viaje.
- Simple la vi y me enamoré así que regateé como si fuese un original. El resto del recorrido comprobé que ellos la reproducen como baratija. Así que la estatuilla para mí es muy especial más allá de su simpleza, movimiento y expresión me recalca mi tosudez. Lo tuyo está listo, fijamos cita con la contraparte, firman y te mudas.
- A vos qué te impulsó cuando pusiste el escritorio.
- Dale boludo no te achiques, si vos no cerrás el trato me lo quedo yo.
Me sorprendo repitiendo la frase de Flavia; el día tiene veinticuatro horas y yo no tengo tiempo para lo que mi agenda dispone.
- Eso no es problema, es un desafío en busca del sentido del tiempo, si existe la verdad de un tiempo que nos dirige o nosotros podemos direccionarlo.
- Si el dueño puede el martes cerramos trato.
Afuera el otoño deja caer las hojas. La calle alfombrada suena como si lloviese.
Lo primero que haré cuando esté mudado es llamar a Flavia para invitarla a practicar el curso de diseño en el local y presentársela a Julio, su parecido con la estatuilla lo va a dejar de cara.

Cordón

La entrada al edificio muy formal con un hall amplio de monolítico gris al piso, paredes celeste ceniza y frisos al tono se ve limpia. La sala es extremadamente fría. Todos los muebles y objetos rectangulares, con muchas puntas para mi gusto. Predomina el color gris. El piso de mosaicos negros refleja algún blanco de los papeles de un escritorio. La única ventana, de metal, aclara el gris oscuro de las paredes.
Firmé el contrato de alquiler y aproveché la mañana libre para recorrer anticuarias. En la vidriera del bazar llama mi atención una pequeña figura femenina haciendo un arco con las manos y los pies de punta, mientras su rostro sonríe. Regateo su precio entusiasmado pensando en la primer adquisición como un símbolo de buen augurio.
Durante el almuerzo abro la agenda y anoto para la entrada al blog:

Ficción: estado enervado de la mente en busca de una salida.

El mito de la torre de Babel, en parte, tiene hoy lugar en la heteroglosia de la red. Cualquier obseso tiene una terminal conectada a este universo donde se pierde en un mar de ilusiones. Mito bíblico representado a través del arte que conlleva el apetito del ser humano por alcanzar el cielo, símbolo de toda elevación y a la vez la posible destrucción o dispersión que su ambición desmedida provocaría.
También la arqueología se ha dedicado a comprobar su existencia en Bagdad, Irak. No sé si antes o después de su destrucción y dispersión actual.

¿De qué estoy escribiendo? La ficción ha estado relacionada con mundos futuristas, donde las necesidades de la vida humana en el sentido positivista son cubiertas a través del desarrollo científico-industrial-tecnológico y de alguna manera estamos insertos en ese mundo visionado por nuestros antepasados. Es vox populis que basta pensar, soñar para comenzar a concretar una idea.

Suponiendo todo acabado ¿qué mundo podría recrearse? y entonces aparecen desarrollos medievales con toda la carga del sistema feudal y tribal. También están las sagas de mundos paralelos, animales parlantes, mundos dominados por ciborgs con esclavos humanos, y loopers, rulos donde el relato no transcurre lineal sino en saltos temporales. En fin ha medida que la locura humana se va concretando, yo diría que acaso deberíamos fantasear y ficcionar con cierto recato, tomando responsabilidad  no de un código moral sino de una consecución a nuestra condición ¿qué condición? finita.

Si todo está perdido, si la nada es la constante y la verdad una necesidad a crear, del infinito que no existe concluyo soy una disgregación.  

La fortaleza al igual que la frontera está para ser penetrada, derrumbada, conquistada o salirse de ella.