Constructivo en busca de una simetría.
Me encontraba en el Juzgado esperando para dar testimonio psicológico en un procedimiento por custodia y la imaginación empezó a jugar con las formas y colores del lugar. La sala era extremadamente fría. Todos los muebles y objetos rectangulares, con muchas puntas para mi gusto. Predominaba el color gris. El piso de mosaicos negros reflejaba algún blanco de los papeles de un escritorio. La única ventana, de metal, aclaraba el gris oscuro de las paredes. Bajo la ventana, en un hornillo, una caldera silbó y en el vapor un haz creó un delicado arcoiris.
El caso saldrá bien para ello he trabajado muy intensamente, me repetía como oración.
El reloj de la sala marcaba las horas entregadas al Juzgado, imaginé: cuando salga de aquí volaré al río, dejaré las sandalias en la arena y mis pies tocarán el agua.
El caso saldrá bien para ello he trabajado muy intensamente, me repetía como oración.
El reloj de la sala marcaba las horas entregadas al Juzgado, imaginé: cuando salga de aquí volaré al río, dejaré las sandalias en la arena y mis pies tocarán el agua.
- Licenciada Flavia Amor puede entrar a Sala.
Palermo.
Llegué veinte minutos antes, decidí dar una vuelta. Calle abajo desembarqué en la plaza de Iemanjá. Crucé la avenida y accedí a la playa desierta a no ser por ella. La mujer descalza hace una pequeña coreografía con las extremidades, mientras su rostro sonríe. Levanta los brazos en arco y en puntas de pie se traslada por la orilla levantando espuma.Llegué a creer que era la imagen de Iemanjá cuando joven.
Durante la clase el tiempo transcurre rápido. El docente es amable y los participantes estamos interesados en la temática. Una hora más tarde llega ella, sorpresa la mujer descalza participará.
Se presenta: soy Flavia y el día tiene veinticuatro horas pero tengo cosas para hacer equivalentes a una semana. En mi agenda no hay espacio disponible para dedicarse ni a dormir, ni a la casa, ni a las amigas, ni a la familia.
Se presenta: soy Flavia y el día tiene veinticuatro horas pero tengo cosas para hacer equivalentes a una semana. En mi agenda no hay espacio disponible para dedicarse ni a dormir, ni a la casa, ni a las amigas, ni a la familia.
Saliendo de clase la propuesta para ver la muestra de fotos del Parque Rodó nos entusiasmó. Esta proa de pocos metros cuadrados tiene una rotonda con juegos, edificio abandonado con cartel de proyecto, un contenedor, una foto galería, una fuente de agua celeste con surtidores, canteros de gramilla verde y grises veredas alternados con bancos de madera que invitan a quedarse. La muestra abarca fotos de la obra arquitectónica de Eladio Dieste. La forma ondeada de sus techos, paredes y el uso del ladrillo me resultan familiares. El ticholo de barro y agua, apelmazado y horneado sobre sí mismo, oficia como una piel permeable.
Flavia estaba encantada con la muestra porque la iglesia donde tomó la comunión aparecía en muy buen estado. Sin más abrió su intimidad. Hubiese sido monja si no fuese que en ella prevalecía la materia sobre el espíritu. A pesar de tener una personalidad impregnable su predisposición a observar el ambiente y a ubicarse en el espacio no como una mota de polvo sino como un mundo en movimiento la salvó del mandato de la virgen.
Ciudad Vieja.
Llegando al sur se pueden ver las grúas chinas, subiendo y bajando contenedores, recortadas contra el cielo celeste iluminado de más por el rey sol en viaje desde oriente.
La entrada al edificio muy formal con un hall amplio de monolítico gris al piso, paredes celeste ceniza y frisos al tono se ve limpia. La sala es extremadamente fría. Todos los muebles y objetos rectangulares, con muchas puntas para mi gusto. Predomina el color gris. El piso de mosaicos negros refleja algún blanco de los papeles de un escritorio. La única ventana, de metal, aclara el gris oscuro de las paredes. Bajo la ventana la repisa sostiene una pequeña artesanía, la estatuilla hace una coreografía con las extremidades y su rostro sonríe. Tomo la figura y busco en la base su origen, made in Holland. Julio entra y comenta su último viaje.
- Simple la vi y me enamoré así que regateé como si fuese un original. El resto del recorrido comprobé que ellos la reproducen como baratija. Así que la estatuilla para mí es muy especial más allá de su simpleza, movimiento y expresión me recalca mi tosudez. Lo tuyo está listo, fijamos cita con la contraparte, firman y te mudas.
- A vos qué te impulsó cuando pusiste el escritorio.
- Dale boludo no te achiques, si vos no cerrás el trato me lo quedo yo.
Me sorprendo repitiendo la frase de Flavia; el día tiene veinticuatro horas y yo no tengo tiempo para lo que mi agenda dispone.
- Eso no es problema, es un desafío en busca del sentido del tiempo, si existe la verdad de un tiempo que nos dirige o nosotros podemos direccionarlo.
- Si el dueño puede el martes cerramos trato.
Afuera el otoño deja caer las hojas. La calle alfombrada suena como si lloviese.
Lo primero que haré cuando esté mudado es llamar a Flavia para invitarla a practicar el curso de diseño en el local y presentársela a Julio, su parecido con la estatuilla lo va a dejar de cara.
Lo primero que haré cuando esté mudado es llamar a Flavia para invitarla a practicar el curso de diseño en el local y presentársela a Julio, su parecido con la estatuilla lo va a dejar de cara.
Cordón
La entrada al edificio muy formal con un hall amplio de monolítico gris al piso, paredes celeste ceniza y frisos al tono se ve limpia. La sala es extremadamente fría. Todos los muebles y objetos rectangulares, con muchas puntas para mi gusto. Predomina el color gris. El piso de mosaicos negros refleja algún blanco de los papeles de un escritorio. La única ventana, de metal, aclara el gris oscuro de las paredes.
Firmé el contrato de alquiler y aproveché la mañana libre para recorrer anticuarias. En la vidriera del bazar llama mi atención una pequeña figura femenina haciendo un arco con las manos y los pies de punta, mientras su rostro sonríe. Regateo su precio entusiasmado pensando en la primer adquisición como un símbolo de buen augurio.
Durante el almuerzo abro la agenda y anoto para la entrada al blog:
Ficción: estado enervado de la mente en busca de una salida.
El mito de la torre de Babel, en parte, tiene hoy lugar en la heteroglosia de la red. Cualquier obseso tiene una terminal conectada a este universo donde se pierde en un mar de ilusiones. Mito bíblico representado a través del arte que conlleva el apetito del ser humano por alcanzar el cielo, símbolo de toda elevación y a la vez la posible destrucción o dispersión que su ambición desmedida provocaría.
También la arqueología se ha dedicado a comprobar su existencia en Bagdad, Irak. No sé si antes o después de su destrucción y dispersión actual.
También la arqueología se ha dedicado a comprobar su existencia en Bagdad, Irak. No sé si antes o después de su destrucción y dispersión actual.
¿De qué estoy escribiendo? La ficción ha estado relacionada con mundos futuristas, donde las necesidades de la vida humana en el sentido positivista son cubiertas a través del desarrollo científico-industrial-tecnológico y de alguna manera estamos insertos en ese mundo visionado por nuestros antepasados. Es vox populis que basta pensar, soñar para comenzar a concretar una idea.
Suponiendo todo acabado ¿qué mundo podría recrearse? y entonces aparecen desarrollos medievales con toda la carga del sistema feudal y tribal. También están las sagas de mundos paralelos, animales parlantes, mundos dominados por ciborgs con esclavos humanos, y loopers, rulos donde el relato no transcurre lineal sino en saltos temporales. En fin ha medida que la locura humana se va concretando, yo diría que acaso deberíamos fantasear y ficcionar con cierto recato, tomando responsabilidad no de un código moral sino de una consecución a nuestra condición ¿qué condición? finita.
Si todo está perdido, si la nada es la constante y la verdad una necesidad a crear, del infinito que no existe concluyo soy una disgregación.
La fortaleza al igual que la frontera está para ser penetrada, derrumbada, conquistada o salirse de ella.


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