exaltación

                                                   Naturaleza muerta
                                                                    Rafael Romero Barros 1832 - 1895
                                                  

Aquel bodegón subido a fb por Sonia venía a pedir de boca, mi hogar estaba lleno de naranjas y un aroma cítrico acompañaba agradablemente el ambiente. Quizá quedaría así antes del cercano estío. Porque las excitaciones del amarillo no provocarían bienestar. Tampoco un ligero malestar. Sólo que el salto de alegría propio de la adolescencia parecía fuera de tiempo. Pero ¿no había sido desde el principio de la búsqueda amar al saber? entonces ese comienzo sería por siempre y ahí el goce.

¿Qué pasa al estar?


"El placer del texto no es forzosamente un placer de tipo triunfante, heroico, musculoso. Ninguna necesidad de cimbrearse. Mi placer puede tomar muy bien la forma de una deriva... 
otro nombre de la deriva sería lo Intratable - o incluso la Necedad.
Sin embargo, si se la alcanzara, decir la deriva sería hoy un discurso suicida."
Roland Barthes, El placer del texto.


      Tomó la llave para abrir la puerta de la azotea. Lo primero que notó fue la fuerte brisa golpeando los alambres cargados de ropa puesta a secar. Recogió una blusa y pensó, la zambullida la dejo para otro día. No es que sintió temor o se arrepintió sino que la idea la había abandonado para cuando llegó arriba. Sería cuestión de volverla a pensar, concluyó, una vez estuvo de vuelta y comprobó que la blusa no le pertenecía.
      En el ínterin del tramo de la escalera, del tramo del corredor, pensó que era de mal gusto tirarse porque sí nomás y precisamente ahora que cada uno estaba ocupado en hacer o por hacer algo. Sí, la impresión del golpe, un cuerpo cayendo, el enchastre que obligadamente alguien limpiaría, el grito que sin duda emitiría, la sorpresa de la imprudencia en propios y ajenos. Una retahíla convenciéndose de que hoy no era buen día para pegarse un clavado desde la azotea al patio del edificio contiguo.

      Más o menos en la época en que descubrió que era adicta a las voces, sin imágenes y se contuvo de apagar la radio. También, en esa época, se percató de lo mínimo necesario en el quehacer para que un hogar se mantuviera con la misma cantidad de mugre; solamente, a veces, depreciada por el moho.
      Así cualquiera se crea un mundo paralelo, se aliena o se separa de la realidad. Un poco de imaginación y las cosas pasaban del peor estado al mejor estado posible del momento y de la materia. Así una mancha de humedad podía adquirir la sobredimensión de una impresión abstracta, expresionista, en el mejor de los mundos. Bastaba con sacarle una foto y subirla al blog.
      ¿Por qué el estado general de las cosas variaba entre un punto, extremo, de orden y limpieza y otro punto de desorganización, acumulación y suciedad? ¿Qué llevaba a unos mantener sus cosas pulcras y a dejar acumular polvo con su correspondiente moho a los otros? ¿Quiénes lograban un punto de equilibrio entre ambos estados?
      Quizá el planteo con las cosas tenía replica en las emociones y estados mentales.

Delirio de amor

       En el dolor, amar y morir son lo mismo. Este parangón es cuando la aceptación tiene lugar. Tal como duele amar duele la muerte. La postura frente al fin, la finitud del ser, esta vida única, irrepetible, da sentido a la ansiedad y a la angustia.

       El amor incondicional quizá no es amor sino otra cosa como tolerancia. El amor exige sacrificio, entrega a la tarea, donde me olvido de mí mismo para formar parte del otro. Entrega pagana y sagrada a la vez. Nos hundimos en un piélago oscuro, profundo de donde salimos solidificados, salados, manando agua. Trazamos, con gotas, continuas líneas que inventan un contorno, superficie curva, donde no queremos perdernos en el artefacto. Al sacrificio caemos, el sujeto amante y el sujeto amado, y ascendemos. Caemos en la zozobra del relato buscado ¿para qué? ¿por qué? ¿qué hacer? ¿hasta cuándo? y ascendemos en la afirmación de seres amados.

       La cosa está pero no es. Este pensamiento conocido por el ser antiguo, hoy es necesario distinguirlo, afirmarlo: yo, yo soy; la cosa está, el objeto no-es. La independencia es del objeto, la cosa deriva sin mí. Yo dependo y más vale que dependa de otro ser, sujeto, yo igual tú.
       La tierra, esta nave automática, que sostiene nuestra permanencia, es independiente de nuestra actitud. Mientras, el sentimiento es el vínculo social establecido, creado por y para ser. Y la existencia del ser es la sustancia divina, por eso cuando miro, enamoro y cuando conozco, amo.
       Al ser, escindido, la existencia lo aúna, lo incluye partiendo del dos. El ser es en el intercambio.

       A diferencia de la cosa el acto es volitivo, se cumple en el movimiento del ser, hacer y estar.

       Sin odio, este solo, amor, condena a la existencia, a la fantasía, a la entrega, a morir, al vacío y al deseo. Así construimos el muro del espacio, torre desmoronada. Y la invocación: yo amo, cuaja, invade, fantasea, pulsa, la memoria que lleva y trae del no ser.

       La aceptación interrumpe el delirio del amor idílico que describía un fuera de sí, sin faltas, sin dioses, sin existencia, sin sentido, sin vacío.



He asumido la lectura del libro de un conocido que se presentó a un concurso de cuentos por correo del Espacio Mixtura y ganó en la selección de cuentos.

Marcos Ibarra es un pintor de óleo, tinta, acuarela, buen dibujante y ya premiado en estas vicisitudes de la escritura. Prueba de ello son “Los mutantes” una serie de comics referidos a la cultura, idiosincracia, política en apretada síntesis y juegos de palabras.
En “De las aventuras de Germán Villemel. Experto en fenómenos paranormales” (editora: yauguru) cada relato corto está unido por el mismo personaje y son de finales sin finalizar. De los casos que se le presentan al experto ninguno queda resuelto. Además de esa particular constancia no hay en los relatos algo llamativo en demasía que me entretenga en los primeros tres cuentos. El fraseo corto y accesible se presenta con sencillez contrastando la complejidad de los asuntos que trata, ninguno creíble.
Su autor reconoce que el personaje lo persigue y ante la insistencia él redacta cada aventura lo más fiel posible.
Vuelvo a repetir la resolución de los cuentos quedan en el aire, se consumen en una combustión marrón sin ninguna energía concomitante tal como en el cuarto cuento “En perspectiva”. Donde una crítica a Emiliano Cotelo se desplaza suave a una nada como el soñar despierto.
A la mitad del libro encuentro el ritmo y me alío al experto para visorizar, aún sin tener el Pranascopio, unos finales que se van cerrando en una clase de filosofía tendenciosa. Ahora sí me gusta. Una miga ideológica asoma.
“...En mi Pranascopio, la luz violeta que indica la presencia de una energía de carácter divino o sobrehumano, se encendió inmediatamente. Nunca pensé que esa luz se habría de encender alguna vez y nadie lo pensó jamás; su inclusión ... era solamente para representar un estado posible de lo imposible, casi como una broma de buen gusto entre los expertos en fenómenos paranormales...” pág.46
Hay que tener en cuenta que Marcos pertenece a la siguiente generación de los desaparecidos así que la sola mención de un grupo “Encontrados a sí mismos” resalta la condición necesaria de lo posible en lo imposible. (pág. 47)
Ahora prosigo la lectura más a gusto.



Nado Vacío


Un momento en - a - de la literatura.

          Busco al sol alejándome de las nubes. De la nebulosa de Magallanes y de la propiedad de la ilusión.
          Busco al sol y cuando oigo su voz sé que está lejos ¿Y de dónde el sol canta? Adonde Jules Supervielle escribe "un buey de la China...

vuela... cruzando día y noche
el ave que sin ruido
da vuelta al planeta
y que jamás lo toca
y que jamás se para."

          Pero alguien sabe que además trina planeando sobre ella y sobre mí.

          Quise llenarme aspirando hasta la última niebla y así producir el vacío. Pero hay vacíos imposibles de llenar y hay llenos imposibles de vaciar y hay algo que acompaña de donde me transformo y nado.

          Mientras las fotos repaso
          con entrecejo entre duelo y recuerdo
          mientras releo incrédula
          cada palabra, cada frase la recuerda

          Mientras voceo a dos
          una imagen en serie
          una serie de fotos
          adonde el pasado, a veces, duele

          y el presente retiene
          a través de auriculares
          ¿cómo vienes? ¿cómo vienes?
          te lloro, te esnifo

          Entonces sobre nado
          para recibo Dama convertida
          en resonancia parlante
          reproduce y dice.

          ¿Y cómo me atrevo a leerte en voz queda, pausadamente y usarte como espejo enamorada? ¿Tú te atrevías a descalzarte y recorrer las veredas de Montevideo, decir palabras, tocar tanzas? Para pescar almas o para hallar un PORTAL. En Tres Cruces hay pero a quién importa. Lo he descubierto junto al palo mayor, la cruz acompañada por el Polaco. Junto a la bandera desplegada podría remontar vuelo. Así quizá ignorar el duelo, pasar encima de Rivera y salir de vuelta al ruedo. Hay señora no sólo se vive de duelo.
          En épocas descreídas del desmoronamiento alcanzaría con prestarse a la ilusión. Veo a Luis A. de Herrera andar decidido hacia el mascarón de proa y levantar vuelo en la nave Montevideo, poderosa en papeletas, remontar verdes y llegar a la réplica donde cielo y agua.
          Donde ama y anda, grandiosa, grácil, Lázaro, te presentas ahí donde te releo y me leo convirtiendo Montevideo en nave Magallánica. Hace un rato despegó y Amanda capitaneándola junto a Bolívar, el capitán Nemo, Leonardo Da Vinci y La Dama de Elche.

          En tu mitovulsión de ondas trasmitidas
          al comienzo nado deforme porque
          haz la tuya transformo ingenua
          en atrevido che vuoi?


vejez
Sentir con todo
la idiotez
desdentada
de esta mañana
al mediodía
pero igual sintiendo
como a la noche
acabada
terminada
finalizada

Un enamoramiento
fugaz
porque no puede
durar lo que nunca principio
tuvo medio, ni más aún
finalizó

Ahora la  piedra
caliza
me recuerda
con la rima
granizo no
viene al poema
porque es muy
fugaz

Y yo quiero
permanecer
en esta cuenta
inacabada
acentada
arrimada
a una vereda gris
de cimientos aunque
negada por vaguez

Amontonamiento

De cuidado

Dicen los que saben:
Son poetas, poetas
Poetas a su manera
Mueren a montones
La locura es general

Dicen que soltarse
Atrae a la verdad
Pero la que espera
No querrá guardar

Había una vez
Escuche escuche
Una se lo dice
Sin ritmo sin ritmo sin timo

No existe la mano de dios
Pero sí la mirada
Lo que vale acompaña
Tú mira, tú mira, tú mira
Y dispara fuerte con tu voz


Estado crítico de la materia. Reducción, fusión.

El empuje es la vida.

         ¿Lo virtual qué clase de materia es? La sustancia virtual que pasa por la imagen, la palabra, el intercambio, la conexión, el pasaje ¿qué clase de objeto componen?
         ¿Si no sé, qué soy, quién soy, qué asumo, cuándo soy? Si me clasifico por género, ideología, formación, edad. Si me paro en dos o en cuatro patas, soy columna o soy mesa La columna y la mesa son objetos autosostenibles, se sostienen a sí mismos. También sostienen a diferentes niveles (alturas) o pueden quedar como objetos ornamentales.
         Algo que no siempre cumplen y tampoco es una función implícita, es dar lugar al sostén, sostenido asiento a las posaderas, si el objeto nos (no) es sagrado. Si la columna culmina a ras del suelo alguien podría elegir pararse o sentarse sobre un claro dintel, mirando a la mañana.
         Y si a la mesa la vuelca un contorsionista usará de columnas a las patas para elevarse, elevarse de cabeza a los pies, tornearse, salto y volver a quedar parado, salirse, tomar la mesa, volverla y parapetarse con ella, buscando el equilibrio.
Contorsionista. Interesante palabra.
          Volcar. Usar. Elevar. Tornear. Saltar. Volver. Quedar. Parar. Salir. Tomar. Parapetar. Buscar. Equilibrar. Contornear. Catorce verbos, qué lindo número, en una frase no sería un poco como demasiado ¿tanta acción qué quiere mostrar?


Un mecanismo funcionando, tic tac, tic tac, tic tac.

                Parece que por hay no hallaría a el ser.

        La vida empuja mecánicamente, haz, haz, vuelve a hacer, do it, hazlo ¿En la repetición está el ser? ¿Surgiría el ser al instante como erupción volcánica y/o solar? ¿Y por ello no nos permitimos la exposición constante?
         ¿Qué es lo obsceno de la prohibición? No se toca. Te lo muestro pero no se toca. ¿Lo obsceno está en la mostración? ¿La incitación es obscena? ¿O qué es sino: inspiración, empuje, materia prima, mandato, andate a la mierda? ¿Cómo se escribe la palabra obsceno? No está ni en el objeto, ni en la imagen del objeto ni en la palabra que lo nombra, estaría en la idea que provoca.
          ¿Es una idea o una afección? ¿La idea de obscenidad es un síntoma, una emoción, una ilusión, una fantasía, una asociación para delinquir?
         El umbral diferente en cada persona para apreciar lo que percibe como obsceno, es determinado por las asociaciones íntimas dentro de la estructura persona y sociedad.

Calificar filiar - lira

La primera vez su deseo animó al mío
La última vez su deseo animó al mío
¿Alguna vez mi deseo animará?


        El especialista relató algunos casos de pacientes bipolares. Dijo: tengo uno que llevó la amante a la casa para presentarla a la señora como si fuera normal.
         La paciente no comentó nada en ese momento,  no sabía qué era "normal". Luego cavilando sobre el asunto ¿a qué presentaría su amante con su marido? ¿Dónde está la gracia? Además lo intentó y su marido dijo que no podía entrarle a Zizek ni al principio, ni en el medio ni al final.
         En la última cita el médico preguntó cómo iba la lectura de Zizek, que él mucho no le entendía al igual que a Lacan. La paciente le comentó una película que acababa de ver con Zizek de personaje al estilo Orson Wells. El médico anotó el sitio para verlo inmediatamente después.
         No quiso comentarle que ahora leía a Bobbio ¡Qué hombre! Se explaya en conceptos perimidos como el amor y encima el muy turro lo asocia a la política. Hace honor a su apellido. Sin embargo algo enamora de ese viejo y si Marenales tiene una pareja veintiséis años menor quizá pueda viajar a París que bien vale un amor ¿o era Roma?
         Últimamente algo oronda ronda la pregunta casi inevitable ¿cómo sería tener un amante, o dos, o bueno quien dice uno dice cinco? O sea, para qué lo tengan claro, someterlos a mis antojos. Porque me gusta dominar, cuánto más mejor. Es que en algo el litio ha disminuido la paranoia y sin miedo puedo frecuentar personas.
         Y las personas son como los libros. Una va conociéndoles el discurso, el estilo, la forma de ser, qué placer. Y me enamoro.
          Claro que tengo presente que el consultorio no es un confesionario de sentires. Pero a veces una está confundida. Así que a cerrar la boca, la boca, la boca.
        
 Sujeta, sujeto a experimentación.

"Los poetas, poetas caen y mueren a montones"

"Qué mundo loco no" dicen los jóvenes sabiamente.