Diferentes

   Comienzo por la negatividad. Negándome a mí, negándote a ti. Esa negación que rinde tanto. Si tuviera que elegir un lugar, fuera de lo que conozco, empezaría por describir calles, plazas, avenidas, deltas, ríos, maremágnum de personas como hormigas locas. Porque fuera de aquí todo es más grande, más amplio, mayor cantidad, más movimiento, más extraño y familiar a la vez. De las pocas veces que he salido hubo una que me marcó, particularmente, y generé un texto sobre espejos. Si encuentro las líneas más adelante las transcribo.
     Si tuviera que elegir un tiempo es más difícil. Por cuestión de creencia niego el tiempo. Otra negación que rinde. Sin tiempo, sin memoria, sin cuerpo queda el aquí y ahora, tiempo presente. Y encima sin contingencias. ¿Cómo escribir si niego el acceso a lo que no sé?
     Embretada, ésta sensación la conozco, sé que significa deletreándola, separándola en sílabas. Em portugués, en español, brete, ja, así estoy. En un brete.
     Y me duermo porque si algo me ocurre con la escritura es que me forma. Pero si lo que tomo es conocido, transitado, visto, la forma permanece igual. No es que cambie mucho negando lo conocido pero me da aires de superación.
     Bueno, pecho al hecho, cuarta negación ningún neologismo. Acá si no tengo problema alguno. Considero todo inventado y el idioma que uso tiene un arcón considerable. Lo máximo es que permite cambiarle el sentido a las mismas palabras y obliga a aceptar los dos polos. Arréglatelas, a ver qué haces ante el positivo y negativo; en ocasiones se anulan, se atraen, se repelen, se convierten y se conectan. Ahí olvidé la primera y segunda negación.
    ¿Y el cuento? Mientras despejo el espacio, para describirlo, de piedras, caracoles de agua, pequeñas piezas de ágatas depositadas en un recipiente con arena que tapa más piedras y caracoles. 
Pequeñas valvas en abanico de estrías acanaladas que acompañan al ser desde que la recolección principió a ser un fetiche. Y uso fetiche porque la aprendí esta mañana. Todo es fetiche te escuché decir y como buena oyente no me opuse ni externa ni internamente. ¿Cómo hacerlo cuando no sé? Estabas refiriéndote a la relación, al vínculo, intercambio entre personas a través del objeto. Logré comprender en objeto tanto al otro, como a la cosa, como a la idea. Pero además ese intercambio, establecido a través de la mercancía, fuese tal cual el ser primitivo establecía, establece con las piedras, caracoles, valvas, viento, dulce, lluvia, sol. O sea ese culto en que apoyo creencias sigue intacto. Me muevo porque invoco un otro depositario de mi fe, de mi amor, de mis necesidades.


     Transcurriendo la mañana sin tiempo, un sonido especial, silbido airoso, acompaña la rutina. Una madre y una niña comparten el pequeño espacio del hogar. Una heladera General Eléctric verde, una cocina de azulejo blanco, un calentador de bronce brillante que la madre bombea, una mesa cuadrada forrada con hule de líneas cuadriculadas rojas, verdes y blancas, tres sillas de cármica roja y una taza de leche a medias tomada. La niña hace arcadas con cada trago. Se obliga a tomar la bebida espesa, espumosa, blanca y dulce sin gustarle.

      Principio lítico

      Habría ido de haber sabido que estarías esperando como una columna, junto al tronco del árbol, no un alcornoque, corcho papanatas ni un borracho, palo multiforme, no, firme, incólume, pétreo casi ¿ya dije firme? Igual afirmo que si hubiese ido y estado junto a ti, dulce mango de paraguas, ¿cómo se llama ese dulce con forma de palo de sombrilla, así torneado de blanco, verde y rojo? bueno, sí más adelante vendrá, sólo el nombre; aunque en realidad no quiero nombrarlo porque si hubiera recordado que cuando amé, amé sin distinción, a cada uno le hallé algo por qué amar, pero
olvidé.
      De haber sabido que el olvido era a propósito para acumular, dentro de esa posibilidad que da la economía, el amor dirigido a un solo ser, luego a otro y otro y cómo repartir lo que no tiene 
comienzo ni fin. De haber sabido la naturaleza económica del amor, sin fin,acumulativo, egocéntrico, pendenciero, inobjetivo, amoral, extensivo, coercitivo, lo hubiese olvidado para seguir amando. Pero no supe donde has estado, ni porque amo, ni porque olvido.
       Flor de cuento quise dar, de alguna manera intuida. Cuentera joven en busca de un alma amorosa que retenga ensimismada creyendo en la entrega.

       Si la educación hubiese asumido el transcurso de la Realidad, habría incluido un capítulo que podría intitularse Estudio de la Ilusión, para después olvidarlo. Mencionaría al amor, equiparándolo por ejemplo, a la noción de mercancía a partir de Marx y plantearía la tesis del vínculo entre objetos a través de personas como fetichismo. De acceder al texto podríamos dar lectura a la siguiente antítesis: ¨Platón dice que hay en el impulso amoroso un germen de universal. La experiencia amorosa es un impulso hacia algo que él llama la Idea. Así, incluso cuando estoy mirando un cuerpo bello, lo quiera o no, estoy en camino hacia la idea de lo Bello. Yo pienso - completamente diferente, naturalmente - en la misma dirección, es decir: que en el amor está la experiencia del pasaje posible de la pura singularidad de la casualidad a un elemento que tiene valor universal. Como punto de partida, algo que, en sí mismo, solo es un encuentro, casi nada, aprendemos que podemos experimentar el mundo a partir de la diferencia y ya no solamente de la identidad. E incluso podemos afrontar ciertas pruebas, aceptar sufrir por ello. Ahora bien, en el mundo actual, la convicción de que cada uno sigue únicamente su propio interés es muy común. El amor niega esto. Si no se lo concibe como el simple intercambio de ventajas recíprocas, o si no es calculado largamente por anticipado como una inversión rentable, el amor es verdaderamente confiar en la casualidad. Nos lleva a los parajes de una experiencia fundamental como es la diferencia y, en el fondo, a la idea de que el mundo puede experimentarse desde el punto de vista de la diferencia. En esto tiene validez universal, es una experiencia personal de la universalidad posible y es filosóficamente esencial, como Platón intuyó, en efecto."1
      Y no puedo dejar a un lado el vínculo fetiche donde cada piedra ágata, caracol de río, concha marina arriba de la repisa se convierte en un icono que me inspira. Y no es por sacarle pelos al gato, ni disminuir asunto peliagudo, ni hacer fríos cálculos, ni defenderme del ánimo enamorado, pero sí, algo de eso deseo.
      De lo que sí, de haber sabido, estoy segura habría estado junto a ti desde el final de los tiempos. Meciéndonos, como un cuenco, en una barcarola, como en el ensueño de una ciudad para armar. Y de haber sido, seguiría la historia, fundaría un río, imaginaría como hacer el amor.



 Contaría al arribar                                                                     
 un muelle, muralla en roca                             
dos luminarias en bastón dulce 
de ilusión recordada.

Movería al cielo lila
atravesando nubes rizadas
sobre alfombra topacio
verde desperecerse

Arrimaría vela
soltaría ola
miraría sin ver mañana
en que incauta recordaría





1 Alain Badiou, Nicolas Troung, Elogio del amor.
“Rimbaud afirma que hay que reinvertar el amor ¿ por qué razones?
¿El origen de su propio interés por esta pregunta no está contenido en el gesto inaugural de 
Platón, que hace del amor uno de los modos de acceso a la Idea?”

No hay comentarios:

Publicar un comentario